27 de marzo de 2012

Marcos Peña

Marcos Peña era un joven muchacho, al que la vida no le había regalado ni una triste sonrisa. El gran número de fracasos y frustraciones, le habían llevado a renegar de todo sueño o ilusión posible. Así, un buen día decidió recogerse cual ermitaño, en una lúgubre habitación del centro de la ciudad. Su único contacto con el mundo era su teléfono, que rara vez emitía su anhelada melodía de “We Will Rock You”. A veces, hacía sonar la canción para poder escuchar alguna voz distinta a la suya, pues Marcos solía hablar sus pensamientos. El mismo se tachaba de loco, pero probablemente lo hacía para no sentirse tan abandonado. También tenía unas ventanas translucidas de la cantidad de polvo y de telarañas que se aferraban a sus vidrios, y unas persianas mugrientas y cuarteadas. Con todo ese entorno de aislamiento absoluto, tan sólo la puerta de la habitación le separaba del mundo exterior, de sus sueños e ilusiones…

Marcos rara vez lograba conciliar el sueño. Parecía que un conjunto de fuerzas extrañas y sobrenaturales se lo impidiese en forma de lluvia, sirenas de ambulancias, gritos… O las mismas grietas del techo… Todo le impedía dormir.

La puerta estaba siempre cerrada, le daba verdadero pavor abrirla. El sabía, o mejor dicho, estaba convencido que si la abriese caería definitivamente recogido como un ovillito de lana a causa de un nuevo fracaso, y que nunca, nunca, nunca, volvería a levantarse.

22 de marzo de 2012

En la Vivienda de Sonia Rodríguez

El apartamento era muy pequeño, pero no le faltaba lujo de detalles. Era una vivienda antigua, pero con bastantes comodidades. Persianas automáticas, cristales inteligentes para el control de la luz, un ordenador táctil… Detalles muy poco comunes en una persona que había sido liberada de prisión hace escasos meses…

- ¿Seguro que estaba limpia? – Dijo Kozlov al oficial Granados, mientras volvía a juguetear con el zippo.

- No tenemos pruebas de que haya vuelto a pasar…

- Tiene que haber algo…

La científica seguía tomando huellas, repasando datos y pruebas, pero nada que involucrase a Sonia en el tráfico de PW52, ni en nada parecido… Y tampoco había entrado nadie más en la vivienda…

A Kozlov le llamó la atención un pequeño y viejo escritorio de madera donde reposaba ese ordenador recién estrenado. También descansaba en la mesa un flexo que iluminaba el vidrioso teclado.

- ¿Por qué está encendida esta luz? – Preguntó el inspector.

- Señor, también está encendida la cafetera, estaba aquí antes de ser asesinada, pero no hay indicios de que hubiese nadie más con ella…

- ¿Está seguro? Porque aquí hay una taza de café, y hay en la cocina, sobre la encimera, otra.

- Una está casi terminada y la otra a medio empezar…

- Es extraño…

- ¿Por qué inspector?

- Te preparas una taza de café en la cocina y te la traes al escritorio mientras usas el ordenador o lo que sea. Hasta ahí tiene su lógica…

- Sí…

- Y luego te preparas otra la das un sorbo en la misma cocina y la dejas allí… Eso no me cuadra…

- A lo mejor la avisaron por teléfono en ese momento…

- ¿Y dónde está el teléfono? ¿Por qué no apagó nada? Ni la cafetera, ni el ordenador, ni la luz.

- Sería una llamada muy importante…

- Hay que encontrar ese teléfono, porque se lo llevó el asesino. Aún así estoy seguro que aquí había dos personas. La víctima y el asesino.

Kozlov releyó la inscripción del zippo y volvió a encender otro cigarrillo con gesto melancólico y a la vez metódico. Se acercó al escritorio y empezó a mirar el contenido del ordenador y los papeles que estaban justo a su lado.

- La víctima le dio algo al asesino, un número, una dirección o algo…

- ¿Cómo lo sabe?

- Por esto.

Encima del escritorio había un bolígrafo destapado, un folio con cuatro garabatos y al que le faltaba un trozo.

- Le dio algo… Pero el qué… - Pensaba en alto Kozlov.

Miró bajo el escritorio y vio una vieja torre de un ordenador, apagada, sin enchufar, pero parecía ser manipulada con frecuencia… Kozlov se arrodilló y empezó a tocarla, a mirarla con un detenimiento asombroso. De pronto, destapó el frontal…

- Toma. – Dijo mientras lanzaba al oficial varios viales de PW52. – Se ve que no estaba tan limpia.

El oficial estaba atónito observando el trabajo del inspector.

- ¿Alguien tiene un lápiz?

- ¿Un qué? – Preguntó el oficial.

- Sí, un lápiz o un carboncillo. ¿Nadie tiene uno?

- No.

- Yo tampoco, señor. – Contestó otro agente.

Con gesto desagradable, Kozlov se puso frente al papel que descansaba sobre otros. Le dio varias caladas seguidas al cigarrillo y tiró la ceniza sobre otro folio que asomaba una de sus esquinas por el trocito que faltaba. Con una tranquilidad absoluta, extendió la ceniza por la superficie.

C/ AZABACHE Nº 3.

- Granados.

- Sí inspector…

- Envíe a dos patrullas a esta dirección. – Dijo mientras señalaba la blanca esquina difuminada con ceniza. – No sé quién o qué hay ahí. Pero la víctima dio esta dirección a su asesino.

20 de marzo de 2012

Llamada de un Asesino

Estaba como cansado observando a su alrededor. Los párpados le pesaban, las piernas parecían no tener vida. Su boca... seca con los labios agrietados e insensibles. Su rostro cansado, sus manos débiles y sus dedos cabizbajos, parecían partícipes de un desfile de agotamiento completo. Había sido un largo día de trabajo en la construcción. De repente sonó el teléfono:
"¡Riiiing!"
- Sí, dígame. - Contestó.
- ...
- Dígame.
- ...
- ¡Conteste coño!
- Mi más sentido pésame. - Dijo una voz grave y burlona al otro lado.
- ¿Pero qué coño dice?
- Que siento lo de su mujer.
- Mi mujer está en el trabajo, a punto de regresar.
- No... Ya no.
- Me está cabreando gilipollas. ¿Por qué coño dice eso? ¿Es una broma?
- Porque acabo de matarla...
- ¡¿Qué?!
- ...
- ¡Oiga! ¡¡¡Oiga...!!!
- ...

18 de marzo de 2012

Un Cadáver en el Callejón

Como de costumbre, el inspector Kozlov llegaba tarde. Aparcó su viejo Skoda Octavia en la entrada del callejón,que permanecía custodiada por dos coches patrulla. Las luces azules y blancas de los vehículos iluminaban el interior del estrecho callejón. Vladimir Kozlov se bajó de su coche y caminó hacia el interior del callejón abriéndose hueco entre los agentes.

- Inspector Kozlov. – Dijo con voz seca mientras enseñaba la placa.

- Sí señor, pase. – Dijo uno de los policías.

Kozlov fue avanzando hacia el lugar donde le esperaba la víctima. Los de la científica ya estaban ahí cogiendo pruebas, y probando el nuevo prototipo de recogida de huellas; un pequeño robot de unos treinta centímetros de alto, cuyo funcionamiento se basaba en la búsqueda de sudor, calor y grasa corporal como método automático en la búsqueda de huellas. A Kozlovno le hacía mucha gracia… En la mayor parte de los casos, había que hacer otra pasada con el robot en modo manual dirigido como si fuese una de esas antiguas consolas… Lo único bueno que tenía ese novedoso artilugio, era que los datos captados se enviaban y almacenaban directamente en el fichero del caso en el ordenador principal. Aún así, no gozaba de la simpatía del inspector.

Cuando llegó a la altura de la víctima, observó que el cuerpo estaba bajo una vieja farola, mugrienta y al borde de desprenderse. Se balanceaba con la brisa más delicada. Era la única luz que había en el callejón antes de que llegasen sus compañeros.

La victima estaba vestida con vaqueros y una camisa de cáñamo. El pelo era rizado y largo. A través de él observó una especie de tatuaje en el cuello, apartó los cabellos y vio que se trataba de un código de barras con la numeración borrada… “Era una antigua prisionera.” – Pensó Kozlov. Los brazos eran una auténtica obra de arte, en la que se mezclaban cortes y tatuajes. Las rodillas tenían heridas y habían sangrado, como si hubiera estado arrastrándose o gateando, pero había sido en otro sitio… Ahí no había sangre en el suelo… Apenas unas gotas que salpicaron del corte que tenía en la garganta… El cuerpo yacía con las piernas flexionadas, como si se hubiera desplomado hacia un lado mientras estaba de rodillas; apoyada sobre su trasero y la espalda sobre una agrietada pared; y la cabeza inclinada hacia abajo, reposaba sobre su lado izquierdo en un contenedor lleno de basura.

- ¿Inspector Kozlov? – Dijo una voz tras él.

- Sí.

- Soy el oficial Enrique Granados. ¿Cómo está usted?

- Mejor que la víctima… ¿Se sabe quién es? – Dijo sin darse la vuelta.

- Su nombre era Sonia Rodríguez Álvarez, una antigua traficante de PW52, pero estaba limpia. Salió de prisión hace unos meses, ahora vivía sola y trabajaba de mensajera.

- ¿Han encontrado alguna pista? – Preguntó Kozlov mientras jugueteaba con un Zippo en la mano.

- Nada señor… La trajeron aquí para degollarla en el mismo sitio en el que está ahora… Ni huellas, ni testigos, ni restos de neumáticos… Nada…

Kozlov se encendió un cigarrillo y se quedó unos segundos observando la inscripción que había en el Zippo.

- Inspector. ¡Inspector!

- Sí. – Dijo y se guardó el Zippo rápidamente.

- ¿Qué hacemos ahora?

- ¿Dónde vivía la víctima?

- Ahí arriba. – Y el oficial señaló a una ventana.

Kozlov miró hacia arriba y su pelo blanco casi al cero, su negro bigote en forma de candado y sus gafas, parecían adquirir el mismo color que la luna, mientras exhalaba humo por su nariz…

17 de marzo de 2012

Tras las Montañas

Los intrépidos exploradores quisieron atravesar la espesa e infranqueable flora. Su deseo era dejar atrás las montañas y su pasada y oscura vida. Sencillamente, caminar hacia el sol.

El amanecer era tibio. Los primeros rayos de sol se asomaban tras las montañas, dibujando estelas doradas en el cielo aún sonrosado. El rocío acariciaba sus desnudos brazos como la refrescante lluvia de una tarde de verano.

Pese a la complicación de cruzar el frondoso bosque, ya habían empezado a subir la inclinación de las verdes montañas. Estaban más cerca de lo que se pudieran haber imaginado antes de su partida. Sonreían al mirar hacia arriba, al ver como los rayos de sol coronaban la cumbre. Seguían caminando más apresuradamente. Les acompañaba el agradable aroma a tomillo y romero silvestres. También olía a arena húmeda, y a jazmín mezclado con rosas. Era todo tan agradable… Parecía la entrada al Paraíso…

De pronto el último de los muchachos gritó:

- ¡Chicos! ¡¡Chicos!! ¡Ayudarme! ¡Se me ha hundido el pie en este charco!

Cuando se giraron, observaron que no era un charco de agua, sino una especie de barrizal. Y tampoco era el pie… Ya era casi media pierna…

- Tranquilo, te sacaremos de ahí. –Dijo otro, mientras corrían hacia su compañero.

- ¡Pero si es que me hundo! – Gritaba asustado.

Le agarraron de los brazos y del cuerpo, y tiraban de él con fuerza. Pero como si de un balancín se tratase, cuando parecía que le sacaban unos milímetros, sus salvadores se hundían otros pocos en el barro.

Exhaustos tras el balanceo interminable, observaron mientras se sumergían en el barro, como la corona luminosa de la montaña desaparecía tras ella, y ésta, se volvía más y más alta…

16 de marzo de 2012

Mayoritario 'no' de los suizos a ampliar sus vacaciones

Hoy vamos a dejar a un lado las historias, poesías y el relato de Marcos Peña. Hace unos días, un colaborador de este "blog" me envió una noticia que despertó mi interés.
Aquí os dejo el "link":
Si habéis leído la noticia, entenderéis lo que más curioso me parece de ella... Como siempre, todo lo acerco a experiencias personales, y me ha venido a la cabeza la nueva Reforma Laboral planteada por nuestro Gobierno... ¿Alguien a votado algo? Porque yo aún estoy esperando... Decidir algo sobre mi futuro laboral... No sé... Algo...
Por lo que he podido leer en la noticia, los trabajadores de los cantones suizos han tenido su oportunidad de votar sobre una propuesta laboral. Mientras que en España, sueltas tu voto cada cuatro años, y si te he visto, no me acuerdo... Está claro que nosotros somos igualmente democráticos que en el resto de los países... Mientras ellos tienen la opción de decidir más o menos horas de trabajo, a nosotros nos las recortan a su antojo.
Si la democracia es la opción política que permite la opinión de los ciudadanos, ¿por qué aquí funciona de otra manera?
Aquí se vota a una panda de payasos, ellos deciden y luego se reciben hostias en la calle si opinas... Buen concepto de democracia...

15 de marzo de 2012

Advertencia

Marcos rodaba y rodaba… Era imposible librarse de su propio nudo corporal. La puerta, quieta. La lluvia, seguía cayendo y golpeando las ventanas.

Entre tantos círculos concéntricos, golpeó la mesilla en la que reposaba el teléfono. El teléfono cayó a unos centímetros de su cabeza. Marcos lo miro perplejo, como si eso fuera la única salvación de su humana atadura, de su cuerpo transformado en cadenas…

Trató de girar en esa dirección… Cuando llegó a escasos centímetros de su posible salvación… Vio que el teléfono ya estaba llamando… Al 626523415… Era su propio número Telefónico…

- Dígame. – Sonó al otro lado.

- ¿Es usted Marcos peña? – Dijo nuestro atrapado amigo.

- Sí, soy yo. ¿Quién es?

- …